
Pg.
Sumario
I
Prologo
IV


PSICOLOGA DE LA CEGUERA

Compilacin de
Alberto Rosa y Esperanza Ochata

Alianza Editorial
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Cdigo Penal vigente, podrn ser castigados con penas de multa y privacin de libertad 
quienes reprodujeren o) plagiaren, en todo o en parte, una obra literaria, artstica o 
cientfica fijada en cualquier tipo de soporte, sin la preceptiva autorizacin.
 Alberto Rosa y Esperanza Ochata
 Alianza Editorial. S. A. Madrid, 1993
Calle Juan Ignacio Luca de Tena, 15, 28027 Madrid; Tel. 741 6600
ISBN: 84-206-6539-8
Depsito legal: M-26.495-1993
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Printed in Spain

SUMARIO 
Prlogo, por ngel Rivire 

Captulo 1. INTRODUCCIN.  PUEDE HABLARSE DE UNA PSICOLOGIA DE LA 
CEGUERA?, por A. Rosa y E. Ochata
1. Puede hablarse de una psicologa de la ceguera
2. Defectologa o necesidades educativas especiales
3. Plan del libro y gua del lector

Captulo 2. CARACRERIZACIN DE LA CEGUERA Y LAS DEFICIENCIAS 
VISUALES, por A. Rosa 
1. Dimensiones de las deficiencias visuales
2. Prevalencia de las deficiencias visuales: algunos datos estadsticos
3. La visin y el sistema visual
3.1. El sistema visual
3.2. La percepcin visual
4. Enfermedades comunes del aparato visual y sus repercusiones funcionales
5. Evaluacin de la visin
5.1. Quin hace la evaluacin de la visin?
5.2. El examen ocular
5.3. La medida de la visin
5.4. El informe visual
5.5. Instrumentos para la evaluacin de la percepcin visual
6. El aprovechamiento de los restos visuales
6.1. La visin funcional
6.2. Instrumentos tcnicos de ayuda a la visin

Captulo 3. PERCEPCIN SIN VISIN, por F. Bianco y M. E. Rubio
1. Sistema somatosensorial
1.1. Anatoma y fisiologa de tacto: el sistema somatosensorial
1.2. El concepto de percepcin tctil: problemas tericos
1.3. La percepcin de la textura
1.4. La percepcin de patrones complejos
1.5. El desarrollo de la sensibilidad cutnea
1.6. El desarrollo de la capacidad de discriminacin tctil
2. El sistema vestibular
3. El papel de la percepcin auditiva
3.1. Anatoma y fisiologa del sistema auditivo
3.2. La discriminacin de sonidos
3.3. La localizacin de fuentes de sonido
3.4. El sentido del obstculo
3.5. El papel de la audicin en el desarrollo perceptivo de los ciegos
4. Los sentidos qumicos externos
4.1. Gusto
4.2. Olfato
5. La experiencia del mundo sin visin

Captulo 4. CEGUERA Y DESARROLLO PSICOLGICO, por E. Ochata 
1. La primera infancia
1.1. La inteligencia sensoriomotora
1.2. Desarrollo motor
1.3. Apego e interaccin
2. Representacin, interaccin y funcin simblica: comunicacin, lenguaje y juego de 
ficcin
2.1. Los comienzos de las capacidades representativas
2.2. La imitacin
2.3. Comunicacin preverbal
2.4. Adquisicin del lenguaje oral
2.5. El juego
3. La etapa escolar
3.1. El desarrollo intelectual
3.2. Integracin social, escolarizacin y desarrollo
3.3. Desfase entre el pensamiento figurativo y verbal
3.4. Aprendizaje y desarrollo cognoscitivo 
4. La adolescencia
4.1. El pensamiento formal o abstracto 
4.2. Ceguera, tacto y lenguaje

Captulo 5. MOVILIDAD Y CONOCIMIENTO ESPACIAL EN AUSENCIA DE LA 
VISIN, por J. A. Huertas, E. Ochata y M. A. Espinosa
1. Factores perceptivos implicados en el desplazamiento y en el conocimiento espacial
2. El movimiento y la orientacin en el entorno
2.1. La movilidad en ausencia de la visin
2.2. Componentes de la orientacin espacial
2.3. Programas de instruccin en orientacin y movilidad
2.4. Ayudas para la orientacin y la movilidad
3. El contenido de la representacin espacial en los ciegos
3.1. Organizacin de la representacin espacial
3.2. Los elementos de representacin espacial
3.3. El esquema espacial y sus funciones
4. Desarrollo del conocimiento espacial
4.1. Desarrollo del conocimiento espacial en la etapa preescolar
4.2. Trabajos basados en la teora piagetiana
4.3. Desarrollo de la representacin espacial o de los mapas cognitivos
5. Los distintos factores que determinan la representacin espacial
5.1. Aprendizaje y desarrollo
5.2. La experiencia visual
5.2. Las caractersticas fsicas del entorno
6. Mtodos y tcnicas de externalizacin del conocimiento espacial
6.1. Procedimientos globales o cartogrficos
6.2. Procedimientos analticos
6.3. Descripciones verbales
6.4. Relaciones entre los distintos mtodos
6.5. Conducta espacial
7. Algunas implicaciones para la enseanza de la geografa
7.1. Mapas tctiles

Captulo 6. LA LECTURA EN LOS DEFICIENTES VISUALES, por A. Rosa, J. A. 
Huertas y C. Simn 
1. El acceso a la informacin cultural. Procesos de lectura y otros sustitutorios
2. Sistemas de lectura para ciegos
2.1. Breve aproximacin histrica
2.2. El sistema braille
3. Los procesos de lectura en el sistema braille
3.1. Actividad lectora y procesos psicolgicos
3.2. Movimiento de las manos en la lectura tctil del braille 
3.3. Percepcin y codificacin en el uso tctil del sistema braille
3.4. La influencia del contexto en la lectura de los ciegos
3.5. La velocidad de la lectura tctil del braille
4. Instrumentos y mtodos para la evaluacin, enseanza y ayuda a la lectura de los 
deficientes visuales 
4.1. La enseanza de la lectoescritura braille 
4.2. Evaluacin de la lectura
4.3. Ayudas tcnicas para la lectura de los ciegos y deficientes visuales
5. Resumen y discusin: Son idnticos los procesos de la lectura visual y los de la tctil?

Captulo 7. PSICOLOGIA DE LA CEGUERA Y PSICOLOGIA GENERAL, por A. Rosa, 
J. A. Huertas y F. Blanco 
1. Objetivos del captulo: metateora y teora
2. Qu modelo de sujeto psicolgico manejamos? Hacia la elaboracin de un punto de 
vista metaterico
2.1. Supuestos metodolgicos
2.2. Una perspectiva gentica
2.3. La accin mediada
2.4. El desarrollo como un proceso secuencial. La Zona de Desarrollo Prximo
2.5. Actividad, comunicacin y motivacin. La canalizacin del desarrollo
2.6. La remediacin
3. Ascendiendo a lo concreto. El nivel de las teoras especficas en el marco de la 
psicologa de la ceguera
3.1. Percepcin y experiencia subjetiva
3.2. Representacin del conocimiento
3.3. Representacin del entorno y movilidad
3.4. La lectura tctil del braille
3.5. El desarrollo
4. A modo de eplogo: la integracin

Bibliografa




PROLOGO

      Se suele pedir a los prlogos de los libros cientficos  y ste lo es  que tengan la 
severa y neutral impersonalidad que posee la propia ciencia. Apelo a la indulgencia del 
lector (al que se suele llamar amable), para que me permita romper, por una vez, con ese 
hbito que consiste en situarse, desde un principio, lejos, no aqu sino all, en las heladas 
regiones de la objetividad. Tengo dos razones para hacer esa solicitud: el tema de este libro 
me es demasiado cercano. Sus autores tambin. Mi propia subjetividad est tan 
comprometida en el tema que tendra que forzar demasiado la escritura de este prlogo 
para hacerla objetiva. La pregunta acerca de qu sucede cuando se pierde la visin, de 
cmo es la experiencia sin ver, me acude constantemente a la cabeza en los ltimos meses: 
en ellos ha perdido en gran parte la visin una persona que me es muy cercana. Los colores 
de su mundo se han ido apagando, las formas se han desvanecido, han ido siendo cada vez 
ms desvadas, ms tenues e imprecisas. La prdida de la visin se asocia, en nuestra 
intuicin, con una especie de destierro de ese mundo directo, al que la propia visin nos 
da acceso. En un primer momento, se trata de una experiencia dura. Implica no slo una 
reorganizacin cognitiva y la exigencia de reaprender a manejarse en el mundo, sino 
tambin una autntica tarea de reestructuracin personal,  y de superacin de la lgica 
reaccin depresiva de los primeros meses.
La persona de la que hablo, en la que pienso, tiene dos aficiones principales: escribir y 
pintar. Cmo es posible mantener esas actividades cuando se pierde la visin a una edad 
avanzada? Una de las primeras cosas a descubrir, despus de esa primera vivencia brutal 
de prdida, es que no slo es posible, sin visin, alcanzar un alto grado de autonoma de 
movimiento sino incluso realiza actividades aparentemente tan visuales como escribir... y 
hasta pintar! Este poema sobre la nueva experiencia, escrito pocos meses despus de perder 
la visin, es un alegato impresionante a favor de esa posibilidad y expresa con especial 
sensibilidad el momento en que se empieza a superar la depresin primera y a recuperar un 
mundo distinto, pero no menos rico en experiencias que el de los videntes. Como ya 
imaginar el lector, el poema es de la persona a la que me refiero, Mara Angeles Gmez:
Ahora que la luz se me ha negado
 y que la noche se instal en mi vida, 
he de buscar la lmpara encendida
en el fondo del pozo abandonado. 
No se acab el vivir. Ha comenzado 
una nueva aventura estremecida. 
Estoy serena, en pie, firme y erguida 
y dispuesta a afrontar lo inesperado. 
Florecer la rosa en primavera
y yo no gozar de sus colores, 
pero el aroma me dar su encanto. 
Oir la palabra verdadera. 
Y seguir queriendo. Y mis amores 
transformarn en msica mi llanto.

      Aunque no sea yo la persona indicada para hacer una crtica objetiva del poema, me 
parece evidente que conviven en l los elementos que reflejan la presencia, aun de las 
vivencias depresivas, tales como la noche, el fondo del pozo abandonado, el llanto, 
con aquellos otros que, enfrentados agnicamente con ellos, expresan el reclutamiento de 
nuevas fuerzas psicolgicas. Estos ltimos elementos reflejan un aspecto que se trata varias 
veces a lo largo de este libro. Es decir, insisten en lo que se posee y no en lo que se ha 
perdido: La lmpara encendida, una nueva aventura, la disposicin a afrontar lo 
inesperado. Entre estos elementos ocupa un lugar expresivo especial y muy poderoso una 
reflexin que finalmente es una definicin muy tajante y decisiva de bienestar psicolgico: 
Y seguir queriendo.
      La prdida de visin no slo se afronta con esa autoverbalizacin profunda  y 
seguir queriendo , sino tambin gracias al apoyo prctico de las redes sociales y 
profesionales que rodean a la persona implicada. En trminos menos pedantes: no es 
reflejo indirecto la idea y seguir queriendo de otra complementaria y muy consoladora: 
y seguirn querindome? En el caso de las personas que pierden la visin, las tareas de 
rehabilitacin y apoyo psicolgico (que en Espaa realizan excelentes profesionales, 
generalmente ligados a la ONCE) tienen que complementar a las que, con mayor o menor 
acierto realiza la familia, y que forman parte de la economa del querer. Las actividades 
profesionales son necesarias y frecuentemente muy eficaces en sus resultados. Adems, en 
las dos ltimas dcadas, el desarrollo de las que podramos llamar tecnologas de la 
percepcin y tecnologas del conocimiento est permitiendo contar con recursos que, 
para muchas personas ciegas o con deficiencias visuales, suponen transformaciones muy 
radicales del mundo vivido y de las posibilidades de manejarse en l. No es descabellada la 
esperanza de que los avances tecnolgicos puedan producir, a medio o largo piazo, 
cambios an ms decisivos.
       Por otra parte, los desarrollos tericos de la psicologa de la ceguera tienen tanta 
trascendencia como los tecnolgicos a efectos prcticos ( hay mejor prctica que una buena 
teora, se dice en la tradicin evolutiva de la psicologa). Hoy no existe justificacin para 
que la intervencin psicolgica, la accin educativa o las tareas de rehabilitacin con 
personas ciegas se basen en un empirismo acrtico y falto de sedimento terico. Este libro, 
que cuida muy en especial el flanco terico de la psicologa de la ceguera, es la mejor 
demostracin de lo que digo. No se trata slo de comprender el mundo fenomenolgico 
de la persona sin visin, sino de explicar de forma rigurosa su funcionamiento psicolgico, 
en el marco de los modelos desarrollados por la psicologa cientfica. En esto insisten, y 
con toda razn, los autores del libro: no hay dos psicologas, una para los ciegos y otra para 
los videntes, sino una sola, que tiene que ser capaz de explicar las diferentes formas de 
desarrollo y de experiencia humana.
Es obvio que, desde una perspectiva terica, el caso de las personas que presentan ausencia 
de visin o deficiencias visuales importantes desde los primeros meses de vida es muy 
diferente del de aquellas con ceguera adquirida. Cuando reflexionamos sobre el papel 
aparente de la visin en el desarrollo y sobre su muy especial pregnancia experiencial, 
nos salta inmediatamente a la vista la pregunta de qu es lo que sucede en la 
construccin psicolgica de los nios que carecen de visin desde el principio. El sistema 
visual humano, en su calidad de instrumento biolgico de registro de energas y 
conocimiento del mundo, es una de las tecnologas ms poderosas, precisas y eficientes 
desarrolladas por la naturaleza. A los videntes nos parece que nuestro mundo es 
irremediable y primitivamente visual. Un mundo visto antes que nada. Las metforas 
visuales en nuestro lenguaje reflejan bien esa especie de primaca fenomenolgica. Lo 
visto se constituye en el marco de referencia con el que se evala, en ltimo trmino, la 
verdad de los juicios. La visin se nos ofrece como el testigo inapelable del mundo. Nos 
parece que la visin ocupa un lugar insustituible en nuestras relaciones con las personas y 
las cosas.
      Sin embargo, la ausencia o la deficiencia importante de la visin no impiden 
generalmente la construccin adecuada del ser humano. sta es una de las cuestiones 
apasionantes que plantea, desde un punto de vista terico, la ceguera: cmo es posible que 
la prdida de un sistema cognitivamente tan delicado y complejo, de un mundo que 
aparece como marco de referencia en la experiencia vidente ordinaria, no sea devastadora 
para el sistema cognitivo como un todo? Recuerdo lo que me sorprendieron, hace ya 
muchos aos, los datos de la tesis doctoral de Alberto Rosa, publicados despus en un 
artculo (Rosa, 1981), sobre imgenes mentales en ciegos totales de nacimiento. 
Demostraban que hay fases del desarrollo en que los ciegos resuelven peor ciertas tareas 
que parecen implicar transformacin activa de imgenes, pero ello no sucede as de forma 
definitiva. Al acercarse a la edad de las operaciones formales, la resolucin era 
semejante en ciegos y videntes. Cmo es eso posible? De qu sistemas se sirven los 
ciegos para manejar representaciones cognitivas que parecen ser funcionalmente 
equivalentes a las imgenes de origen visual? Y, en un plano ms fenomenolgico, cmo 
se las arreglan los ciegos para emplear con sentido un lenguaje lleno de imgenes y 
referentes visuales?
En el aspecto terico, la psicologa de la ceguera est llena de incgnitas apasionantes. 
Creo adems que los autores de este libro, compaeros de la Universidad Autnoma de 
Madrid, son personas especialmente preparadas para enfrentarse de forma sistemtica y 
rigurosa a esas incgnitas. La tradicin de investigacin en psicologa de la ceguera en la 
U.A.M. ha sido constante desde hace muchos aos, gracias en primer lugar a la pericia, la 
capacidad de trabajo en equipo y el ingenio de Alberto Rosa y Esperanza Ochata. Y a la 
ms reciente aportacin de investigadores muy capaces como Huertas, Bianco, Rubio, 
Espinosa y Simn. La mencin de estos investigadores y compaeros me lleva a la 
segunda razn (an no explicada) por la que este prlogo no poda ser objetivo. A m me 
parece que la Psicologa de la ceguera es un libro importante. Creo que lo es, en primer 
lugar, porque incluye un esfuerzo indito por establecer un marco terico profundo y 
abarcador (vase el ltimo captulo) para ordenar un enorme conjunto de datos. Tambin 
porque revisa y analiza crticamente muchos de estos datos sobre la psicologa de la 
ceguera, y porque hay escasos antecedentes de esta entidad en la literatura sobre ceguera 
en castellano. Lo es, a mi parecer, porque constituye un esfuerzo por integrar los avances 
tericos y de investigacin con las prcticas de intervencin con personas ciegas. Es ste, a 
mi entender, un libro que haca falta.
Pero... tambin s que mi juicio, en este caso, no puede ser desapasionado. Cuando hablo 
de los autores de este libro, hablo de antiguos o nuevos compaeros, a los que se aplica el 
seguir queriendo del poema. Espero que el lector quiera seguir leyendo  el libro lo 
merece  ms all de este prlogo que nunca pudo tener la esperanza de ser objetivo. Y es 
que hasta los psiclogos cognitivos nos damos cuenta a veces de que la razn no siempre 
manda, y casi nunca carece de pasiones. La pasin es ciega, se dice tradicionalmente en 
nuestro lenguaje. Tambin lo es la razn casi siempre y, como demuestra claramente este 
libro, esas cegueras  como las otras  no deben ser consideradas como defectos sino ms 
bien como formas alternativas de la experiencia humana.
ANGEL RIVIRE



I
Psicologa de la Ceguera
